miércoles, 26 de enero de 2011

INICIOS DE LA REPÚBLICA Y SUS COMPLICACIONES

                                     











 

Una vez conseguida la independencia, el Perú inició el difícil reto de poner en marcha la República. La situación del país no era la más adecuada porque debía lograrse un acuerdo político que satisficiera los intereses de los diversos sectores de la sociedad peruana. Este ambicioso proyecto se vio afectado por la compleja realidad de la época y terminó intentando conciliar únicamente a los dos grupos con mayor influencia política peruana: civiles y militares criollos. Además, una lucha entre el centralismo limeño y el descentralismo provinciano; y un enfrentamiento entre las ideas liberales y conservadoras. 
 
La iglesia y los militares se convirtieron en los herederos del control administrativo colonial. La presencia de caudillos, a consecuencia del fenómeno bélico de independencia, generó inestabilidad política. Ello se evidencia en los continuos golpes de estado y cambios constitucionales, es así que por cuarenta años la sucesión de gobiernos militares no permitieron el fortalecimiento de las instituciones republicanas. En este tiempo, solo dos caudillos lograron finalizar su mandato: Agustín Gamarra, quien develó más de una decena de intentonas golpistas, y Ramón Castilla quien gracias a la bonanza guanera pudo concretar sus dos mandatos. Estos caudillos –con apoyo terrateniente- representaron diversos y variados intereses sean estos regionales, locales o personales y se mantuvieron en constante pugna, perdiendo de vista algún proyecto nacional a largo, mediano o corto plazo, su interés giró en torno a enfrentar conspiraciones, neutralizar golpes de Estado y asegurar nuestros límites territoriales.

viernes, 10 de diciembre de 2010

NO SEÑOR GARCÍA: LOS PERUANOS NO SOMOS TRISTONES DESCONFIADOS.




Ahora resulta que para nuestro presidente los peruanos somos tristones, desconfiados por raza;  lo atribuye a nuestro clima y  por haber sufrido invasiones de los chavines, los incas y españoles… ya hace algún tiempo el Presidente había calificado a un sector social como “ciudadanos de tercera categoría”

 ¿Qué quiso decir Alan García? ¿Acaso nuestra personalidad se distingue de los brasileños porque ellos tienen sol y nosotros no?, la verdad, este comentario “tristón” del presidente mas se relaciona con la depresión que le sobreviene al leer las últimas encuestas donde el congreso y el poder judicial tienen más del 80 % de desaprobación, además su partido es considerado el más corrupto, y la popularidad presidencial está en franco descenso. Si bien es cierto, económicamente las estadísticas evidencian nuestro crecimiento,  políticamente seguimos empequeñeciendo, producto de la corrupción, con órganos estatales que no logran institucionalizarse y con el Congreso más desprestigiado de Sudamérica.

Lo que Garcia hizo es describir o proyectar su personalidad tristona y desconfiada, dependiente del elixir del halago y lisonjería. Los peruanos no somos así, un caso particular no puede generalizarse. Le recomiendo a nuestro presidente, como mucho respeto (no me valla a cachetear, patear o escupir) que en la tina de baño de palacio, ponga bastante valeriana con manzanilla, y luego duerma tranquilo, si la conciencia y su ego lo dejan y deje de lanzar comentarios tan desafortunados, mire que todavía nos representa, y a los peruanos, aquellos comentarios, nos da vergüenza ajena.    

miércoles, 13 de octubre de 2010

SAN MARTÍN Y BOLIVAR


Por Antonio Zapata

En setiembre de 1820 desembarcó José de San Martín en Pisco, dando inicio a la campaña militar que llevó a la proclamación de la independencia. Sobre la estadía del general argentino en el Perú ha aparecido un libro de la historiadora Scarlett O’Phelan, gracias al Fondo Editorial del Congreso. Lujosamente editado, el texto de la doctora  O’Phelan analiza la breve estadía de San Martín, que se extendió apenas dos años, uno de los cuales como gobernante.
Aunque no ingresa al período de Bolívar, en varios pasajes la autora presenta la solución bolivariana a temas que fueron encarados por San Martín.  Así, de una manera indirecta, este texto permite reflexionar sobre los dos libertadores extranjeros del Perú, habida cuenta que el uno es largamente preferido sobre el otro. Como sabemos, tanto la historiografía como el sentido común de los peruanos siempre se han sentido más inclinados por San Martín.
La doctora O’Phelan ofrece pistas para entender esta dicotomía. Un tema clave fue la actitud frente a la aristocracia, mientras Bolívar la suprimió, San Martín la promovió. En efecto, el libertador argentino apostó por la monarquía como régimen político para el país independiente y necesitaba forjar una aristocracia que sostenga a un eventual Rey del Perú. En ese afán, San Martín creó la Orden del Sol y repartió títulos de nobleza, como por ejemplo al líder peruano de su confianza, Bernardo de Torre Tagle, a quien nombró Marqués de Trujillo.  En agudo contraste, la Constitución de Bolívar impuso la ciudadanía.
Pero, San Martín no fue un gobernante blando. Durante su mandato se persiguió rudamente a los peninsulares. La campaña contra los chapetones fue atribuida al ministro de San Martín, Bernardo de Monteagudo, pero éste era hombre de confianza del general argentino y siempre actuó en su nombre. Monteagudo liquidó a la elite peninsular que estaba afincada en Lima. En la capital peruana vivían más españoles que en cualquier otra ciudad de Sudamérica y, además, entre ellos, estaban las mayores fortunas del país. Pues bien, el régimen del protectorado hizo una redada y deportó sin sus bienes a muchos de los españoles importantes y adinerados. A continuación sobrevino una persecución en regla que afectó gravemente a la elite. Los odios que se granjeó Monteagudo fueron tan grandes que luego fue asesinado mientras caminaba por las calles de Lima.
Es decir, si Bolívar es recordado por su carácter implacable, San Martín no fue bonachón con el enemigo. Ambos supieron marcar a sangre y fuego los límites entre colonia e independencia. Entonces, ¿por qué el uno es bien amado y el otro temido como enemigo del Perú?
La clave se halla al final y hacia ella nos conduce O’Phelan. En efecto, a San Martín le fue mal en su año de gobierno. Nadie aceptó la monarquía y sus expediciones militares fracasaron. Mal en la guerra y en la política, San Martín estaba debilitado cuando se entrevistó con Bolívar en Guayaquil, con resultado negativo para sus iniciativas. En ese momento, San Martín supo retirarse e instalar un Congreso constituyente. Es decir, organizó a los peruanos y les transfirió la responsabilidad. Mientras que Bolívar en Lima llegó al máximo de su poder y en 1826 se proclamó presidente vitalicio de cinco repúblicas sudamericanas.
Así, San Martín aparece como un hombre desprendido, aunque amante de los títulos coloniales, mientras que Bolívar encarna al republicano, pero ávido de poder. En esa imagen, San Martín representa al Estado razonable, que entiende cuando debe ceder, mientras que Bolívar encarna al Leviatán autoritario, que siempre sabe lo que necesitan los demás. 
FUENTE: DIARIO LA REPÚBLICA

martes, 12 de octubre de 2010

ATENTADOS CONTRA RAMÓN CASTILLA


Castilla fue sin lugar a dudas el presidente más importante del siglo XIX, tuvo posturas diversas y antagónicas, dirigió junto a los liberales la rebelión contra Echenique y luego, no escatimó en vincularse con los conservadores y respaldar la constitución moderada de 1860, diseñada por Bartolomé Herrera. Ello le generó detractores de diversos bandos quienes atentaron contra su vida.

En enero de 1855, el coronel Villa Mar atacó al general Castilla en el patio de su casa y se produjo una lucha cuerpo a cuerpo. La guardia presidencial quiso matar al agresor y Castilla lo impidió.
Luego de la disolución de la convención, los liberales iniciaron varias conjuras contra castilla. El 25 de julio de 1860, en circunstancias en que castilla, en la esquina de la calle arzobispos, en la Plaza de Armas, estaba conversando con el señor Calmet, un embozado, a caballo, pasó a su lado y le disparó con una pistola de dos cañones y lo hirió en uno de los brazos. El asesino apuntó por segunda vez directamente a la cara, más al apretar el gatillo en tiro no salió.

martes, 21 de julio de 2009

MINA SANTA BÁRBARA PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD


Ana María Hoyle, funcionaria del Instituto Nacional de Cultura (INC), anunció hoy la inscripción de la mina Santa Bárbara, ubicada en el departamento de Huancavelica, a una eventual postulación a la Lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco.
Les recuerdo a los estudiantes que la mina Santa Bárbara (Huancavelica), fue durante la colonia siglo XVII, la mina más importantes productora de mercurio o azogue, metal empleado en la purificación de la plata. Fue la principal proveedora de Oruro y Potosí.
La mina de Santa Bárbara es la que dio origen a la fundación de la ciudad, pues asumió un papel preponderante y fue durante centuria y media la mayor productora de mercurio en el mundo.
Los españoles no fueron los primeros en tratar el mercurio, los antiguos peruanos ya habían hecho excavaciones para obtener el cinabrio (sulfuro de mercurio) que ellos llamaban “llimpi” y cuyo uso se generalizó entre la nobleza, principalmente entre las mujeres, para pintarse el rostro. También las tribus guerreras de Huancavelica y Huamanga acostumbraban pintarse el rostro con el berbellón (cinabrio no cristalizado) para infundir miedo en sus enemigos.
Fue también denominada “La Mina de la Muerte”, ya que en el año 1786 dentro de sus socavones murieron más de 200 personas, entre indios y españoles, al derrumbarse los portales del Brocal hasta la punta de Nombre de Dios.

MAS INFORMACIÓN
www.regionhuancavelica.gob.pe
Descubrimiento de la mina de azogue

viernes, 19 de junio de 2009

LA SOBERANÍA DE LA INTELIGENCIA


Nuestro amigo Arturo Gómez del blog AMAUTACUNA nos presenta este interesante debate político de mediados del siglo XIX, en este caso la postura conservadora o autoritaria, importante para el debate que reproduciremos en clase con los muchachos de tercer año.

Bartolomé Herrera (1808-1864) llegó a ser ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Rufino Echenique.

El sacerdote Bartolomé Herrera inició el llamado "Tercer debate doctrinario" de nuestra vida republicana, el que enfrentó a los conservadores contra los liberales. Los primeros sostenían la tesis de la "Soberanía de la Inteligencia"; los otros, la "Soberanía Popular".

Todo comenzó con el famoso sermón del 28 de julio de 1846, en la Catedral de Lima, cuando se celebraba el 25 aniversario de la Proclamación de la Independencia. Ante la sorpresa de casi todos los asistentes el eclesiástico lanzó elogios a España y criticó que la emancipación haya propagado "principios falsos, impíos y antisociales". Se refería a la idea de igualdad social y la tesis de la "Soberanía Popular". Además, expresó contundente: "Hay quienes están destinados a mandar; otros a obedecer".

Desde luego que la respuesta de los liberales no se hizo esperar. El primero en salir al frente fue el periodista Banito Laso, quien en los años de la independencia había firmado sus escritos como "Robespierre Peruano". Sus argumentos serán motivo de un próximo artículo; por ahora voy a citar uno de los escritos de Herrera defendiendo su posición desde el diario El Comercio:

"Para que no se crea que temo decir la verdad cuando de algún modo puede influir en el orden público, responderé ingenuamente que el pueblo, esto es la suma de los individuos de toda edad y condición, no tiene la capacidad ni el derecho de hacer las leyes. Las leyes son principios eternos que no pueden percibirse con claridad sino por los entendimientos habituados a vencer las dificultades del trabajo mental y ejércitados en la indagación científica. ¿La mayoría de un pueblo se halla en estado de emprender la difícil tarea indispensable de descubrir estos principios? No: no tiene tal capacidad. Y quien no tiene la capacidad de hacer algo, no se puede decir, sin caer en un absurdo, que tiene derecho de hacerlo. El derecho de dictar las leyes pertenece a los más inteligentes, a la aristocracia del saber ...".

En 1849, Bartolomé Herrera llegó a ser diputado y presidente de su cámara, y desde ese cargo se opuso rotundamente a otorgar el derecho de sufragio a los indígenas analfabetos, llegando a decir que darles participación política era "la verdadera obra maldita de degradación y de repugnante envilecimiento". Sin embargo, también debemos recordar que este paladín del conservadurismo decimonónico clamó para que se invierta "una buena porción de la renta pública en escuelas", ya que solo educando al indio se mejoraría su condición, y esto contribuiría al progreso de toda la nación.

Este sábado veremos la respuesta de los liberales, con toda la "artillería" de Benito Laso y Pedro Gálvez Egúsquiza.

Fuentes:
- BASADRE, Jorge, Historia de la República del Perú, tomo 3.
- CONTRERAS, Carlos y Marcos Cueto, Historia del Perú Contemporáneo.